(Sobre cómo vivir durante el transcurso de la vida)
101—Quien no teme a la muerte no se teme a sí mismo. Cree en la vida y entonces se encuentra.
... Y al encontrarse a sí mismo, halla con creces lo divino.
102—El ser humano justo respeta a los animales porque sabe que sienten como un ser humano y sabe que son símbolos de cualidades y defectos abandonados por él en el pasado.
103—El ser humano justo respeta a los árboles y las plantas porque sabe que son una forma de vida de la tierra que alimenta a la Naturaleza para que crezca lo más bella posible... y que los hombres la dejen.
Porque, como los animales, también la planta se comunica.
104—El ser humano justo respeta con curiosidad los minerales, y no sin cierta veneración porque sabe que su edad es mayor aún que la del hombre. Sabe que ellos simbolizan el acto supremo de la tierra en su constante obra alquímica sobre la evolución de los seres y de la vida*.
(*... Y no los usa como valor de intercambio ni los rompe ni talla. Los deja cre¬cer para que el mundo se vuelva brillante cuando se vuelven jo¬yas. Podríamos vivir en un mundo de montañas de diamantes y esmeraldas si el hombre no codiciase lo que crea la tierra cuando se encuentra a sí misma).
105—El ser humano justo respeta a la Naturaleza porque sabe que en ella contiene los símbolos que abren los secretos de la vida y de la muerte, del tiempo y del espacio.
Y sabe que al respetar la Naturaleza se respeta a sí mismo.
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106—La Naturaleza está infinitamente más viva que el hombre y es lo que la tierra nos muestra para comunicarse con nosotros, los seres huma¬nos.
107—La paz de la Naturaleza simboliza la paz que debe alcanzar una persona para realizarse a sí misma y hallar su camino má¬gico hacia su realidad trascendente.
108—La Naturaleza crea el oxígeno que el hombre respira. Y esto nunca hay que olvidarlo. Nos da vida y por eso es superior que el hombre, el cual intenta dominarla desde hace algunos siglos terrestres. Por eso se esconde. Y creemos que a veces protesta porque siente daño.
109—La Naturaleza da frutos y cultivos que pueden alimentar a todos los hombres. Ofrece granos que pueden alimentar a todos los hombres y a los animales. Ofrece mares, ríos y lagos para que los hombres y los anima¬les beban y vivan.
Y, sin embargo, la destruimos y la quemamos. Y encarcelamos a los animales para matarlos tras crecerlos.
Y, a veces, hasta hemos organizado cacerías.
110—La Naturaleza habla a quien sepa cerrar los ojos y dejar la mente en blanco. Tiene su voz, que es clara y profunda, suave y concreta. Cada vez habla menos, sin embargo, porque cada vez queda menos de ella en la superficie del mundo.
111—El eco, en la Naturaleza, demuestra hasta dónde llega y cómo la vibración de un hombre cuando llama en alto. Si gri¬tara con el corazón su grito daría vueltas a la tierra sin ce¬sar.
112—Quien odia a alguien odia en sí mismo aquello mismo que le hace odiar a ese alguien (a quien, en realidad, no odia).
113—Quien envidia a alguien se detesta a sí mismo por no ser como la persona a la que envidia o por no tener lo que ella tiene.
114—Quien detesta a alguien lo detesta en la misma medida que se detesta a sí mismo. Y siempre detesta del otro aquello mismo que de¬testa de sí.
115—Quien habla mal de alguien se critica a sí mismo y no ve que aquello que critica lo tiene en su interior.
116—Quien rechaza a alguien se rechaza a sí mismo y no quiere encontrar en sí lo que ese alguien le recuerda en su interior.
117—Quien se violenta se ataca a sí mismo porque en realidad pelea contra aquello que no quiere ver en su interior.
118—Quien es hipócrita lo es en la misma medida con que es hipócrita ante sí mismo, dentro de sí.
119—Quien odia, quien envidia, quien detesta, quien critica, quien rechaza, quien se violenta, quien hipócrita, quien cultiva sólo una de estas cosas, algunas de ellas o todas, está perdido ya que se odia, se envidia, se detesta, se critica, se rechaza, se violenta consigo, se engaña a sí mismo. Y "muere" aún estando vivo.
120—Quien, sin embargo, se encuentra en los demás cada vez y los reconoce como hermanos de una misma esencia, se encuentra, se conoce y se maravilla.
121—El mejor modo de relacionarse con la realidad física es tomándola como una escuela diaria donde cada mujer y cada hombre puede perfeccionarse a sí misma, a sí mismo cada día.
122—El mejor modo de demostrar el amor ha¬cia alguien es dejando que esa persona sea libre. Cuanta más libertad ofrezcamos al ser que amamos, más amamos y más nos ennoblecemos. Más nos honramos.
123—El mejor modo de hacer el amor con alguien que nos desea o a quien deseamos es aprendiendo el placer con sensibilidad. Quien siente placer al dar placer sabe amar.
124—El mejor modo de educar a un niño es fomentando sin cesar lo mejor de su forma de ser, de sus tendencias naturales. También, procurando que cada día tenga oportunidades para soñar, para sentir, sentirse él mismo, para co¬municarse y para decidir.
125—El mejor modo de dar libertad es dejando que cada persona sea, vista, se comunique y sienta como quiera desde su libertad.
126—El mejor modo de cumplir con el mundo y la vida es respetando la Naturaleza y estudiando sus símbolos.
127—El mejor modo de vivir es no aceptando lo que te impida ser y aceptando lo que te haga crecer interiormente.
128—El mejor modo de vivir en sociedad es sintiéndose libre siempre.
129—El mejor modo de oponerse a cualquier injusticia es no siendo cómplice de quien genera la injusticia.
130—El mejor modo de ser justo con la vida es "no llevándote nada que no trajeras al llegar".
131—El mejor modo de comunicarse con otra persona es escuchando con atención, dándole su tiempo para expresarse a quien te habla, y respondiendo exactamente con aquello que sientas después de oírle con respeto.
124—El mejor modo de ser feliz durante la vida es no creyendo ser el centro del mundo... ni creyendo que el mundo es el centro del universo ni que el universo es el centro de la galaxia ni que la galaxia es el centro del Universo ni que el Universo es el centro de...
125—El mejor modo de vivir es sintiendo tranquilidad interior. La tranquilidad interna se logra estando en paz con el exterior.
126—Se logra la paz en el exterior pensando en paz y sintiendo en paz todo el tiempo.
127—Se logra pensar en paz observando y no tra¬tando de cambiar nada fuera, sin antes reciclarlo y hacerlo justo dentro.
128—Se logra sentir en paz sin pretender que los demás sien¬tan lo mismo que uno —o una— siente.
129—Se logra ser una o uno mismo no permitiendo que nadie trate de que seas como él o ella quiere.
130—Y, finalmente, lo logra quien resiste hasta la última dificultad; quien no se arredra; quien no desiste del empeño de crecer espiritualmente pese a lo que le digan los demás, que querrán que se sienta el mismo miedo que ellos sienten.
131—Lo logra quien tiene tiene fe y no se asusta del mundo invisible. Quien creyó sin cesar que "no era posible que la vida fuera así"; quien vive profundamente su interior...
132—... Y quien ofrece y da en cada encuentro lo mejor de sí en ese instante: Ése es un iniciado.
132—Y el iniciado en La Gran Doctrina Secreta no ha pasado por ninguna iniciación donde le haya sido dicho: "Tú eres uno de nosotros ya, un Iniciado..."*.
(*Jamás hubiera deseado ser algo porque los demás le digan que lo es; jamás hubiera soportado tener que se proclamado algo importante en alta voz; jamás hubiera creído en un proceso iniciático que comporte confirmación social de un "rango" espiritual... El verdadero Iniciado sabe de modo oculto que es un Iniciado, un adepto, aunque nadie se lo haya dicho. Y no lo difunde más que con sus sentimientos, con sus pensamientos y con sus actos).
133—El iniciado no discute lo que sabe. Lo expone si debe exponerlo y se va. Cada mar debe llegar a su propia orilla...
134—El iniciado vive cosas imposibles de vivir por cualquier mortal. Y las vive como un guerrero cósmico que vence siempre, como un Yogi tántrico o como un ser que recibe la verdad, o como un caballero andante, o como un mago blanco, un gran hermético, un sabio, o un solitario... Todo, menos como un charlatán.
135—El iniciado sólo se une con los "gajos" de su espíritu que va encontrando desperdigados a lo largo del camino y que él ha de ser capaz de "recomponer"*.
(*El iniciado es aquél que logra unir masculino y femenino, tanto interior como exteriormente, para, al trascender la dualidad de los pares opuestos, situarse en el plano de la conciencia superior, más real, más universal, que es la que nexa entre sí los mundos vivientes, la que une las distancias estelares del modo más imposible de concebir actualmente por nosotros, todos los seres humanos).
136—El iniciado domina su mente y conduce su vida en vez de dejar que lo hagan sus instintos, sus deseos y sus pensamientos.

137—El iniciado se levanta con la luz del día; saluda mentalmente a la luz de la mañana (o efectúa el saludo al sol atávico, desde una postura o gesto (mudra, en sánscrito) digno y bellamente humano. Su cada día es una perfecta oración (invocación) a lo superior a lo humano, desde su cumplimiento del deber cotidiano (mediante una Dharma)*.
*Sobre el iniciado
*(El iniciado verdadero medita unos segundos, minutos... u horas, se baña o se ducha sintiendo la fuerza elemental contenida en el agua y que la Naturaleza le otorga; se viste de sí mismo y come de un modo natural, justamente sólo aquello que necesita para llegar a donde tiene que llegar en ese día; piensa positivamente sobre sí mismo y sobre los demás, consiguiendo explicar los defectos de los otros para ayudarles mentalmente a disolverlos en el Éter, como quinto Elemento natural; camina con armonía, gesticula con armonía y mira a los ojos de quien tenga ante sí sin bajar nunca ni los párpados ni la cabeza; el verdadero iniciado actúa así incluso durante las comidas en casa ajena, donde no rechazará ni siquiera la carne que le ofrezcan por no hacer sentir mal a los dueños de la casa en la que está; el verdadero iniciado dirá la verdad exacta de lo que piense o sienta cada vez que hable y tratará de oír con tranquilidad las mayores impertinencias que se puedan dar donde esté; dirá palabras que enseñen algo a quienes lo rodean, y mejor si éstos no se dan cuenta de que están siendo enseñados; vivirá el mediodía como un gran saludo al sol más alto, al Rey del mundo, al que simboliza la luz que no se puede mirar, el último escalón de Dios en la larga escalera que conduce hacia él; por eso descansará y meditará en las horas de más sol, para saludar al atardecer con el amor de quien gusta ver volar los pájaros sobre la brisa de las últimas horas de cada día. Y sabrá quedarse si lo desea viendo las últimas franjas del sol desapareciendo a lo lejos, y disfrutará de los colores del cielo antes de marcharse al otro lado del mundo, y disfrutará de la unión de la luna, el sol y la noche en el último instante del día que se va...
... Y, esto, para luego venerar a la noche, comer algo, poco, mejor frutas y frutos de la tierra, almendras, cacahuetes, leche vegetal, y meditar ante ella o, si se quiere, seducirla..., a ella, a la pareja que tengas contigo y que se halle junto a ti. Comenzar a seducirla para amarla profundamente como hacían los antiguos tantrikas, cuando, en ella, veneraban y honraban lo femenino, lo que ella, la mujer, tiene de Madre Tierra "encarnada" (lit.) en Mujer. Y acariciarla como acarician los verdaderos amantes..., los que saben distinguir un pelo de cada pelo de los que hay en los brazos y en la cabeza; un verdadero amante como el que acaricia para "despertar" los centros más escondidos del placer de ella y como el que no suele sentir su placer antes de que ella lo sienta hasta el final, y más de una vez.
Y, así, el iniciado se unirá a su pareja, sea fija o circunstancial, como si ambos fueran dos dioses de signo opuesto comprendiéndose, asumiéndose y venerándose...
Porque sólo así puede expresarse el amor con la lentitud armoniosa con que el amor puede —y debe necesariamente— llegar a expresarse. Y porque así los iniciados amantes naturales (hombre y mujer) se mirarán de verdad y se excitarán por lo que ven —sin ser animales que ni ven ni saben tocar con calma aquello que desean mirar o tocar—, nacerán hijos inteligentes y dotados, bellos e inteligentes, representantes de una Energía sublime, la misma con la que se amaron los amantes en el acto de la concepción.
El Iniciado sabe que EL AMOR es El secreto de la vida, y lo aplica también en sus relaciones íntimas.
138—El verdadero amante seduce con su mente y ama íntimamente con movimientos que son expresión de su pensamiento más sereno ante el cuerpo que se le ofrece.
139—Al amar así, al desear unirse a otro ser así, se enaltece y cumple con la unión de los contrarios, cumple con la disolución de la dualidad que crea el mundo.
Y por un cierto tiempo presiente el éxtasis.
140—El éxtasis que es silencioso y que no gime ni jadea como los jabalíes salvajes cuando poseen a sus parejas. El éxtasis que no cumple con un instinto animal sino con una inquietud espiritual y que de ahí surge. El éxtasis de quien ama la mente de la persona con que está unida sexualmente.
141—El éxtasis de quien no espera nada, y que antes de recibir, da. el éxtasis de quien ama al otro cuerpo como al suyo mismo y el éxtasis del amante que no cambia de rostro ni de gesto cuando siente placer, pero que sí siente expandirse el espíritu. Así ama el iniciado.
142—El iniciado se oculta antes de deslumbrar y vive rodeado de sí mismo y de sus propias creaciones.
143—El iniciado es libre internamente y no es sectario, porque ni se aparta ni se queda. Ni convence ni protesta ni habla poco ni habla demasiado. Ni enmudece ni lo cuenta todo jamás. Ni se carcajea ni llora. Siente con equilibrio y expresa con equilibrio lo que siente.
144—El iniciado toma lo necesario para cada día y no toma más de lo necesario. Del mismo modo, hace lo necesario y ni menos ni más que lo necesario para cumplir consigo mismo.
145—El verdadero iniciado no se esconde, pero tampoco alardea.
146—Sépase que el verdadero iniciado conoce cuanto le sucede a quien está ante sí —por sus gestos, voz, posturas, mirada, tono al hablar, por sus silencios y, sobre todo, por aquello a lo que su interlocutor se oponga con intrasigencia en la conversación—. Pero no lo dice nunca a menos que sea interrogado por la persona y sólo por esa persona.
147—El iniciado conoce cada problema del espíritu de quien está ante sí*.
*(Lo conoce por la mayor o menos oscuridad de su aura, por lo que emana de esa persona al estar ante ella, por las sensaciones que causa, por los pensamientos que sugiera, por su postura, por el estado de su columna vertebral, por sus limitaciones físicas —que hablarán de aquello que no aceptó o que no acepta de la vida—; lo conoce por intuición despierta y por desciframiento de la atmósfera que cree ese individuo; por afinidades con él mismo y, sobre todo, también por aquello que diga cuando hable, por los asuntos sobre los que opine o juzgue... Y lo que conoce en realidad es el estado de su alma).
148—El verdadero Iniciado no fuerza los acontecimientos, pero tampoco se desentiende de ellos.
149—El verdadero iniciado se inicia a sí mismo cuando sabe, cuando intuye o cuando presiente la realidad del espíritu.
Es iniciado por su yo esencial, por su yo superior, y ya nunca más vuelve a ser el mismo. Se convierte en quien ha sido siempre. Y, primero, se sorprende. Luego, se atemoriza. Finalmente acepta, o teme y no acepta. Si acepta, se convierte en Inmortal desde el punto de vista del Espíritu. Si teme, se cae de La Escalera Mágica y regresa al mundo de la materia en baja vibración, a la vida física de la Tierra. Y se sufrirá más que los demás en este caso porque se será entonces un ángel caído.Sin embargo, el verdadero Iniciado está destinado por sí mismo a serlo. Y siempre llega.
150—El verdadero Iniciado sólo sufre por la marcha del mundo. Lo demás sabe que es una ilusión de sus sentidos físicos* (Mäya).
*(Y la marcha del mundo le indicará la distancia exacta que separa de Dios al hombre).
237 PENSAMIENTOS DE AMOR para crecer interiormente ó —Los secretos de La Perfecta Iniciación—Capítulo ICómo conocerse a uno mismo - una misma >>>Capítulo 2Cómo conocer lo superior al ser humano >>>Capítulo 3Cómo vivir durante el transcurso de la vida >>>Capítulo 4Los secretos de La Perfecta Iniciación >>>Capítulo 5Cómo lograr crecer espiritualmente
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